lunes, mayo 11, 2009

Desenfoque Gaussiano


En el ex desierto florido
Bajo tus alas quemadas por la fricción antigua

Miro tus huesos de tiza mojada
Absorbentes del agua y del frío


Nubes del spray mágico de tu axila divina

Me hacen estornudar canciones infantiles


Veo los músculos de tu abdomen rocoso

Ejercitándose a puros volcanes

A puros terremotos

Están irrigados los músculos de tu abdomen

Pareciera que todos los ríos se te fueron a la guata

Justo en medio de ella
hay una flor
a la que se le van degradando cada unos de sus pétalos de uña
En el blanco y el amarillo
Desde el sol a la tierra

Y sus raíces son venas

Su tubérculo, un corazón latiendo subterráneo

Abierto como una granada de sabores fermentados


Digo adiós a tu piel celeste como ojos de guagua

Y saludo con temor a la sombra de tus fauces

Se te abrió el ombligo en medio del camino

Es una montaña pintada azul atmósfera
En la cima hay una bandera negra sin asta

Que se lanza al vacío como una ardilla voladora
Y cae a una alfombra donde duermen los vagabundos mundiales

Justo sobre la cabeza del ultimo en llegar

Cuando la luna le estaba contando los pasos culebreros

Era tu ojo que vigila desde el cielo

Era tu pupila que se dilató como un derrame de tinta china
Y le dejó dormir sobre los regalos de la montaña.

Desde tus pulmones gritas una mariposa CYMK

Que va llenando el pasto de estrellitas tridimensionales

Y se esparcen como bombas sobre los caparazones de los caracoles
Entonces surge el estruendo de tus placas

Surge el aroma a maíz de tu aliento zodiacal

Surge el sonido del aleteo de la mariposa

Que entra por la cavidad que tengo en el pecho

Al tiempo que un gato negro salta por la ventana de mi espalda

Los gatos que saben caer
Los gatos saben trepar

Porque tú les diste sangre de tus tetas cuando aun era común

Cuando tener nombre era una tragedia


En mi sien está el recuerdo del oro que te sacudías
En mis uñas hay amaneceres y ocasos perdidos

En mis bolsillos hay un pozo sin fondo y sin eco

Tus secretos se cayeron por él

Y lloramos juntos y nos perdonamos

Me regalaste rocío a la mañana siguiente

Mis pestañas eran espinas de cactus

Y mis ojos dos piedras inertes

1 comentarios:

chris dijo...

excelente. los ojos de piedra a veces ven más allá de lo evidente...