
Siento una tremenda vergüenza
Tanto de mi nombre que no pervivirá
Como del sinsentido de la generación sin espíritu.
Siento vergüenza de la muerte
Y siento vergüenza del paraíso
Porque la muerte y el paraíso son la evidencia
De que no puede haber nada más fome más allá.
Sufriendo el bien de Parkinson
Ni tacos ni corbatas figurarían en el bestiario
De nuestra poca imaginación.
Y yo que te regalé mis desechos
Que fue igual a regalarle una plancha a la mamá
Entre la pascua y año nuevo de nuevo
Vino entonces ese sonsonete de la sumisión
Reverberando como un mojón de perro sagrado
En el centro de la galaxia
Como una piedra en el corazón del pueblo
Pesada y lamentable
Hasta perturbarme los sentidos
Y la cadena me tironeó el cuello ya llagado
El pasto sigue secándose a la orilla de la acera
Y el polvo se filtra a través de nuestras narices marchitas
El fuego juega su juego
Y los hogares se vuelven hogueras
Y el juego fuega su juego
Y las hogueras se vuelven hogares
De lloriqueo en lloriqueo.
En algún meandro de la galaxia
Ha de estar arrojado
En latencia…
Nutrirnos de la posibilidad
De la puerta abierta
Nuestra tos sea salud
Nuestra ropa enfermedad
Estemos en condiciones de aceptar
La abolición del sitio y la estabilidad.

1 comentarios:
los hogares se vuelven hogueras... sencillamente me quemó la neurona.
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